viernes, 16 de diciembre de 2011

Drácula: Sensateces y estupideces (Parte 4)


Tras un pequeño parón, por fin os traigo la última traducción de otra parte del libro "Drácula: Sense and Nonsense" de Elizabeth Miller.

Esta vez el texto se centra en explicar el motivo de la "vampirización" de Vlad el Empalador, cómo una persona que existió realmente y que, si bien pudo ser muchas cosas, no fue ningún vampiro, ha acabado considerándose (erróneamente) la inspiración de Bram Stoker para crear al Conde Drácula.

¿Cómo empezó todo? ¿Realmente el autor Bram Stoker se inspiró en Vlad? Si no fue así, ¿por qué la mayoría piensa esto?
Elizabeth Miller nos lo aclara, siempre con su característico humor :)


VAMPIRIZANDO A VLAD

(Ilustración de Toni DAgostinho)
“Stoker desechó un nombre ficticio porque descubrió el nombre de una persona real conectada a la leyenda del vampiro, el príncipe Drácula de Transilvania, mejor conocido como Vlad el Empalador.” (“Vampires: Thirst for the Truth,” The Learning Channel, 1996)

¡Qué disparate! Fuera lo que fuera Vlad, lo que no fue es un vampiro. Ni hubo ninguna leyenda vampírica asociada a él.

Afirmar que “Casi todos los vampiros de la literatura, televisión y películas se inspiran en una figura histórica (…) Vlad el Empalador” (Hillier, “Enigma” 78) es una bobada. Al igual que la afirmación de que “Stoker fue el primero que tuvo la genial idea —o el valor— de escribir sobre Drácula como un vampiro” (Beecher Smith 27). Incluso tenemos la inclusión de Ashley de la película rumana Vlad Tepes (una película épica histórica rodada en 1978) en su lista de películas extranjeras sobre vampiros (236).
Increíble.

¿Fue Vlad considerado un vampiro? ¿Los habitantes de Valaquia “temían que el vampiro Drácula regresara” (Daly 23)? ¿En algún momento los campesinos del siglo XV consideraron a Vlad Tepes un vampiro? En respuesta a esta última pregunta, McNally y Florescu afirman que “Cuando se les preguntó acerca de sus actuales creencias, los campesinos que viven en los alrededores del castillo de Drácula [en Poenari] respondieron que ya no hay ninguna conexión entre Vlad Tepes y el vampiro de su folklore” (Search 1994, 123). ¿Ya no? ¿Acaso la hubo alguna vez?

Muchos años antes, en Dracula: A Biography of Vlad the Impaler, los dos historiadores habían dado esta explicación acerca de los supuestos orígenes del mito: 

El simbolismo del vampiro se relacionó con Drácula especialmente porque su vida real se prestó a que fuera mitificado de esa forma. La sed de sangre de Drácula era bien conocida, tanto como su fijación con el empalamiento. Sus actos “demoniacos” agitaron la imaginación de la mayoría de autores del pasado, y las descripciones encontradas en muchas de las fuentes alimentaron la imagen de Drácula como una especie de monstruo sediento de sangre. La propia palabra “wutrich” en las fuentes alemanas significa demonio o monstruo sediento de sangre. El autor Bram Stoker se limitó a crear a partir de referencias poéticas de los antiguos relatos sobre Drácula y las unió al folklore Transilvano general sobre el vampirismo. (162)

Y más tarde,
El mal que existía dentro de su familia también contribuyó al mito [del vampiro]. El descubrimiento de su hermano, Mircea, enterrado cabeza abajo en su tumba, en vez de cabeza arriba, ayudó a perpetrar la tradición del vampiro en la familia de Drácula, aunque, en este caso, existen evidentemente otras explicaciones (probablemente fue enterrado vivo. (172)
Los rumores empezaron a extenderse. En 1985, Leatherdale amplia las “asociaciones tácitas”:
Su [de Vlad] método de ejecución elegido —el empalamiento— daba la casualidad de que era el mismo que se recomendaba contra los vampiros; Tepes fue eventualmente decapitado a la manera de los acusados de ser vampiros; y el que se piensa fue su lugar de descanso en Snagov fue abierto y saqueado —lo que hace pensar que se levantó de su tumba. Puede que Stoker incluso se enterara de la leyenda de que Tepes nunca murió realmente, sino que esperaba para levantarse y proteger a su tierra natal cuando estuviera amenazada: él estaba, en otras palabras, descansando a la espera —“no muerto”. Una vez más, según las fuentes Católicas,  renunció a la fe Ortodoxa en la que había sido bautizado —una ofensa a ojos Ortodoxos que haría que se acusara de vampirismo a quienes siguieron el mismo ejemplo. También se suponía que las personas excesivamente malvadas se convertían en vampiros, y la general obsesión de Tepes con la sangre humana fue en sí misma lo suficientemente indicativa para Stoker*. (Novel & Legend 98)
*En su edición revisada en 1993 el autor omite “para Stoker”, la insinuación de que Stoker estaba al tanto de esto.

Debemos cuestionarnos todo esto. El simbolismo del vampiro se relacionó con Vlad Dracula por una razón: Stoker eligió para su vampiro el nombre “Drácula” —el cual simplemente dio la casualidad de ser un apodo usado por el conocido Vlad el Empalador.

Pero los disparates no desaparecen. Por el contrario, se vuelven aún más descabellados:
“Vlad (…) fue descrito en vida en dos documentos del siglo XV como un “wampyr” (vampiro), “stregoica” (bruja), y como un “ordog” y “Popol” (Satanás y Demonio).” (Barry 84)*
*Lamentablemente, Barry cita a Ludlam, cuyas conjeturas en este ámbito se han probado estar equivocadas al descubrirse las Notas de Stoker. Los “documentos en los que aparecen las palabras “stregoica”, “ordog” y “popol” no son otros que el texto fuente de Bram Stoker: Magyarland (escrito y publicado en el siglo XIX)
“La imagen que el Europeo del Este tenía del vampiro estaba basada en su mayor parte en (…) Vlad Drácula (…) Mucho más se acercan las historias que circularon tras la muerte de Vlad. La gente empezó a verle como el gran líder de los vampiros.” (Brederoo 272-3)
“Las increíbles leyendas del vampiro, transmitidas a través del folklore, los mitos y la novela best-seller Drácula del autor irlandés Bram Stoker tuvieron una inspiración humana (…) un príncipe rumano del siglo XV llamado Vlad el Empalador.” (“In Search of History: The Real Dracula”)
“Drácula fue excomulgado (…) Un destierro de la iglesia suponía convertirse en uno de los No-Muertos (…) Esta parte de la leyenda concuerda bien con la investigación de Bram Stoker, puesto que él tenía la intención de llamar a su libro “El No-Muerto” en un principio.” (“Dracula: The True Story” documental de 1997)
“Cuando abandonó su fe Ortodoxa para casarse con la hermana del Rey Matías de Hungría, la iglesia le maldijo, condenándole a vagar por la tierra eternamente como un vampiro” (Hillyer, “Enigma” 78).
Drácula se inspiró en las leyendas de vampiros que posiblemente surgieron a partir de los cientos de asesinatos despiadados cometidos en el siglo XV por Vlad Tepes.” (World Book Encyclopedia 1998, 5:317).
¿Y dónde, os ruego que me digáis, habría aprendido Bram Stoker todas esas “leyendas de vampiros” asociadas con Vlad? No es de extrañar que algunos apunten a Arminius Vambery. “El primer impulso para convertirlo [a Vlad] en un vampiro fue proporcionado por [Vambery] cuyo propio nombre aparece justo antes que “Vampyr” en antiguos trabajos de referencia. Y esto no es ninguna coincidencia. Es como si Arminus Vambery, vanidoso como era, hubiera querido ocupar el lugar léxico de la terrible criatura” (Kittler 151). 

Ridículo.

Peter Haining aparece con la brillante idea de que William Wilkinson, nada más y nada menos, sugiere una conexión:
En otra página de este trabajo, Stoker encontró una intrigante nota a pie de página sobre la tradición del vampiro que todavía prevalecía en esta parte de Europa. William Wilkinson obviamente consideró que tales supersticiones de campesinos no eran relevantes para un libro como este, y por ello no ahondó en ellas.
Pero Bram Stoker, al leer las páginas más de sesenta años después en la biblioteca de Whitby, realizó una nota particular de esto en sus apuntes. De manera inconsciente o no, había encontrado el nombre de su gran anti-héroe. (Scrapbook 36)
Esto es una sandez. La nota al pie que Stoker encontró en Wilkinson fue la siguiente: “Drácula en la lengua valaca significa Diablo. Los valacos estaban, en aquella época, al igual que en el presente, acostumbrados a otorgar ese apelativo a modo de sobrenombre a cualquier persona que destacara bien por su valor, por sus acciones crueles, o por su astucia” (19).
Ninguna mención a los vampiros.*

* Sí que hace, sin embargo, referencia al Diablo. Quizás Haining creía erróneamente que las palabras usadas para “diablo” y “vampiro” eran sinónimos en la lengua valaca. No lo eran. Para una información más detallada sobre la asociación histórica del nombre “Drácula”, remito a la obra de Radu Florescu, “What´s in a Name?”


Pero si Vlad no estuvo conectado con las leyendas de vampiros, entonces seguro que debió haber sido al menos un bebedor de sangre, ¿no? A este respecto encontramos algunas invenciones aún más creativas. En 1971, Donald Glut realizó la sensacional afirmación de que Drácula fue una persona real, “que bebía sangre humana” (True Vampires 39). Al parecer se dejó engañar por una entrevista (de la que saca la cita) que había aparecido en el número de Marzo de 1968 de Fate, donde un tal Conde Alexander Cepesi, quien aseguraba ser un descendiente de Vlad, afirmaba que su infame antepasado recogía la sangre de sus víctimas y la bebía “bien directamente o bien mezclada con alcohol y hierbas de su gusto” (citado en Glut, Dracula Book 10). Por si eso no fuera suficiente, este Conde añadió que tras su muerte Vlad fue visto cabalgando a través de las montañas de Transilvania “mostrando sus afilados dientes blancos y reclamando sangre humana” (10). Sin embargo, Glut pronto se volvió escéptico hacia la credibilidad de este hombre; en 1972 sabiamente etiquetó los comentarios del Conde “de autenticidad cuestionable” (Dracula Book 9)

(Traducción de Cristina Roswell del texto original de Elizabeth Miller. Dracula. Sense and Nonsense. Desert Island Books. 2006) 
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